sábado, marzo 04, 2017

LA SENSIBILIDAD ANSIOSA PUEDE ARRUINARTE LA VIDA

¿A veces te sientes ansioso por estar ansioso? (SOLUCIONES)

muhimu.es - JENNIFER DELGADO- Si este juego de palabras te resulta familiar es probable que sufras lo que se conoce como “sensibilidad ansiosa”, un término acuñado en el año 1985 pero que en realidad se refiere a una condición tan antigua como el ser humano mismo.

Se trata del miedo a la ansiedad, un problema que puede llegar a arruinarte la vida si no lo detectas y detienes a tiempo. De hecho, estudios publicados en la Biological Psychiatry y la Behaviour Research and Therapy indican que la sensibilidad ansiosa es un importante factor de riesgo para la aparición de la depresión y el trastorno de pánico.

¿Qué caracteriza la sensibilidad ansiosa?






Las personas que sufren sensibilidad ansiosa le temen a los síntomas físicos que acompañan la ansiedad, como la aceleración del ritmo cardiaco, los mareos, la sensación de ahogo, las náuseas y los temblores. Obviamente, estas sensaciones no son agradables pero las personas que tienen una baja sensibilidad a la ansiedad pueden lidiar mejor con ellas, pues comprenden que no son perjudiciales ni peligrosas.
El que teme sufrir ya sufre el temor” —Proverbio chino
Al contrario, para quienes padecen sensibilidad ansiosa esos síntomas son la antesala de una debacle inevitable.
 Estas personas tienden a magnificar las posibles consecuencias de los síntomas de la ansiedad, lo cual les hace encerrarse en un círculo vicioso de preocupación y miedo que termina agravando las sensaciones físicas.

¿Cómo saber si padeces sensibilidad ansiosa?

Existen algunas pistas que te permitirán saber si eres extremadamente sensible a la ansiedad:

Tienes miedo a los síntomas físicos que acompañan a la ansiedad

Crees que representan una amenaza aunque estén causados por situaciones perfectamente normales, como la aceleración del ritmo cardiaco que se puede producir al beber café o correr demasiado.

Tienes tendencia a interpretar las sensaciones angustiosas como catastróficas

De manera que, para ti, el aumento del ritmo cardíaco, por ejemplo, es una señal de que estás a punto de tener un infarto.

Sufres ataques de pánico

Estos suelen ser el resultado de la puesta en marcha del autoescrutinio que desencadena la sensibilidad ansiosa. De hecho, cuanto más miedo tengas a los síntomas, más probable será que reacciones con pánico.




“Para quien tiene miedo, todo son ruidos” —Sófocles
También se ha apreciado que las personas hipocondríacas son más propensas a padecer sensibilidad ansiosa.
 De hecho, la hipocondría no es más que la preocupación y el miedo a padecer una enfermedad grave, basándose en una malinterpretación de sensaciones corporales que son normales o benignas. Para una persona hipocondríaca, un dolor de cabeza significa un tumor cerebral y un aumento del ritmo cardíaco un infarto.

La sensibilidad ansiosa: un monstruo de largos tentáculos

La persona que sufre sensibilidad ansiosa vive en un estado de expectación constante, como si estuviera esperando la aparición del próximo síntoma. Como resultado, pone en marcha un mecanismo de autoescrutinio que, obviamente, consume gran parte de sus recursos cognitivos y emocionales, por lo que terminan exhaustos, tanto física como psicológicamente.
“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas
peor de lo que son” —Tito Livio
Por otra parte, la sensibilidad ansiosa se convierte en una profecía autocumplida. Cuando la persona le teme a los síntomas de la ansiedad y se centra en ellos, no hace sino maximizarlos. Obviamente, de esa manera su calidad de vida se resiente notablemente ya que, poco a poco, comienza a girar en torno a evitar esas sensaciones.

Tres estrategias para deshacerse de la sensibilidad ansiosa


1. Practica ejercicio


Un estudio publicado en la revista Depression and Anxiety realizado en 60 personas reveló que un programa de tan solo dos semanas de entrenamiento físico puede reducir considerablemente los síntomas de la sensibilidad ansiosa

Además, el ejercicio físico es una actividad saludable que también te ayudará a mejorar tu estado de ánimo, gracias a la liberación de endorfinas.

2. Regresa a la infancia

¿Recuerdas la primera vez que te subiste a una montaña rusa? Es probable que hayas sentido que el corazón quería salirse del pecho y que el estómago te haya dado un vuelco, pero esas sensaciones no te importaban simplemente porque estabas disfrutando.
 Por eso, es importante que comprendas que las sensaciones que experimentas tienen muchas lecturas, y que esas lecturas dependen de ti. Si te atreves a hacer cosas que liberan adrenalina muy pronto tu cuerpo comprenderá que no hay razón para temerle a esas sensaciones.

3. Reenfoca las consecuencias

Tus pensamientos son los que alimentan esas sensaciones desagradables, por lo que necesitas mantenerlos bajo control.
 Por tanto, la próxima vez que venga a tu mente una idea catastrofista, intenta asumir una distancia psicológica y analizar cuánto hay de lógico o cierto en esa creencia.
 Intenta reenfocar esas ideas de forma más positiva y objetiva. Por ejemplo, en vez de pensar: “la presentación será un desastre”, puedes decirte: “me siento un poco nervioso, es normal, pero a medida que vaya ganando confianza en la presentación todo fluirá mejor”.

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